Mientras su agresor le apuntaba con un arma de fuego entre ceja y ceja, dispuesto a matarlo, su vida pasó por delante suya como un flash, en imágenes rápidas pero reconocibles.
Vio su nacimiento, cuando el doctor le dio una palmada en el trasero y soltó su primer llanto. Memorizó el rostro de ese malnacido y juró vengarse.
Vio su infancia, en un colegio público donde todos los niños se reían de él por llevar aparato y gafas. Su miopía infantil no le impidió mirar a cada uno de esos niños y memorizar sus caras para, en un futuro, tomarse la justicia por su mano.
Vio su juventud, cuando por primera vez entró en una clase de karate, dispuesto a tomar lecciones para así poder defenderse en la vida. Llegó a convertirse en campeón regional, lo que le llevó a estudiar más artes marciales. Taekwondo, jiu-jitsu, krav magá, judo, boxeo, kick boxing, muay thai....En todas y cada una de esas artes marciales llegó a ser campeón, incluso recibió una masterclass del mismísimo Chuck Norris, en la que le enseñó cómo eliminar a una persona de 65 maneras diferentes usando solamente utensilios de costura. Aprendió también la lucha mínima, el arte de luchar con objetos pequeños, como un lápiz o un clip.
Todo esto le llevó a ser lo que es hoy en un día: el mejor maestro de artes marciales del mundo, superando a David Carradine y Pat Morita.
Miró el arma del bandido que lo amenazaba, recordando todo lo vivido.
El conjunto de llaves marciales fue digno de una película en la que Jackie Chan lucha contra Bruce Lee mientras Jet Li pasa volando cerca. Inmovilizó a su agresor y sonrió satisfecho.
Su memoria selectiva no le había fallado en esa ocasión.

No hay comentarios:
Publicar un comentario