"Pasen sin llamar" rezaba el cartel en la puerta. Y así lo hacía todo el mundo, sin discriminación alguna, pues Stan no le hacía ascos a nadie. No importaba su raza, género, tamaño o condición, para Stan cualquier visitante era el perfecto cliente.
Stan ha vendido barcos, chapas, sombreros, ataúdes y seguros.
Ahora le va muy bien con su Mutua. O eso cree.
Porque acaba de abrir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario